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Esta es la extraordinaria obra que me habéis estado pidiendo, la cual os comparto a toda la cofradía de estudios iniciático. Gracias a Wilson D. G. por habérnosla enviado... ShakespeareHood
OCULTISMO PRÁCTICO
Helena P. Blavatsky
El ocultismo en oposición a las artes ocultas
Insinuaciones prácticas para la vida diaria
IMPORTANTE PARA LOS ESTUDIANTES
Hay muchos que ansían instrucciones prácticas de Ocultismo; y, por lo tanto, es necesario dejar sentado de una vez para siempre:
1) La especial diferencia entre el Ocultismo teórico o Teosofía y el Ocultismo práctico o Ciencias Ocultas. 2) La índole de las dificultades que entraña el estudio del Ocultismo práctico.
Es muy fácil ser teósofo, pues puede serlo cualquiera de medianas facultades intelectuales, aficionado a la metafísica, de conducta pura e inegoísta, que mayormente se goza en prestar que en recibir auxilio, que siempre está dispuesto a privarse de su gusto en bien de los demás, y sea amante de la verdad, la bondad y la sabiduría en sí mismas y no por el provecho que prometan allegar. Pero muy distinto es entrar en el sendero que conduce al conocimiento de lo que debe hacerse, discerniendo acertadamente entre el bien y el mal; y también conduce al hombre al punto en que le es posible hacer cuanto bien desea, sin ni siquiera a veces levantar en apariencia un dedo de la mano. Además, hay un importante hecho que le conviene conocer al estudiante, y es la enorme y casi ilimitada responsabilidad asumida por el instructor en beneficio del discípulo. Desde los gurús orientales hasta los pocos cabalistas de países occidentales que enseñan los rudimentos de la ciencia sagrada, ignorantes muchas veces del riesgo a que se exponen, todos los instructores están sujetos a la misma ley inviolable. En cuanto empiezan a enseñar de veras y confieren tal o cual poder o facultad a sus discípulos, sea de índole física, psíquica o mental, cargan sobre sus hombros todos los pecados del discípulo, ya de omisión, ya de comisión, que se refieren a las ciencias ocultas, hasta el momento en que el discípulo llega a Maestro, y es directamente responsable. Hay una mística y fatal ley religiosa que reverencian y observan los cristianos de la Iglesia griega, que tienen medio olvidada los de la romana y está absolutamente abolida entre los protestantes. Data de los primeros días del Cristianismo, y es
símbolo y expresión de aquella otra ley oculta a que antes nos referimos acerca
de las relaciones entre Maestro y discípulo. El Ocultismo no es magia. Resulta relativamente más
fácil aprender las artimañas del hechizo y los procedimientos para valerse de
las sutiles pero todavía materiales fuerzas de la naturaleza física, porque muy
luego se despiertan las potencias del alma animal del hombre y prontamente se
desarrollan las energías actualizadas por su amor, su odio y sus pasiones. Pero
esto es magia negra o hechicería, pues únicamente del motivo
depende que el ejercicio de una facultad sea maligno y negra magia o bien magia
blanca Las potencias y energías de la naturaleza animal, lo mismo puede utilizarlas el egoísta y vengativo, que el abnegado e indulgente. Las potencias y energías del espíritu sólo cederán al manejo de quien tenga perfectamente puro el corazón. Esto es magia divina. Así pues, ¿qué condiciones se requieren para ser
estudiante de la Sabiduría divina? Porque conviene advertir que no es
posible instrucción alguna sobre este punto a menos que durante los años de
estudio se satisfagan y rigurosamente se cumplan determinadas condiciones. Éste
es un requisito indispensable y sine qua non. Nadie sabrá nadar si no se
arriesga en aguas profundas.
l) El lugar elegido para recibir instrucción debe ser tal, que no se distraiga la mente y esté lleno de objetos magnéticos de "estimuladora influencia". Entre otras cosas, han de estar reunidos en un círculo los cinco colores sagrados. El lugar debe hallarse libre de toda influencia maligna que se cierna en el ambiente. [El lugar ha de servir exclusivamente para la instrucción, y apartado de propósito. Los “colores sagrados" son los matices del espectro, dispuestos en determinado orden, pues son muy magnéticos. Por "influencias malignas" se entiende toda perturbación, disputa, altercado, malos sentimientos, etc., que se imprimen inmediatamente en la luz astral, esto es, en la atmósfera del lugar y se difunden "por el aire". Esta primera condición parece a primera vista muy fácil de cumplir, pero bien considerada resulta una de las más difíciles de obtener.]
2) Antes que se le permita al discípulo estudiar "cara a cara", ha de adquirir conocimientos preliminares en una selecta compañía de otros discípulos legos (upasakqs), cuyo número necesariamente debe ser impar. [“Cara a cara" significa en este caso un
estudio independiente o separado de los demás;
3) Antes que tú (el instructor) comuniques a tu lanú
(discípulo) las buenas (santas) palabras del LAMRIN, o le permitas
"disponerse" para Dubjed, debes tener cuidado de que su mente
esté por completo purificada y en paz con todos, en especial con sus otros
Yoes. De la contrario las palabras de Sabiduría y de la buena Ley se
dispersarán arrastradas por los vientos.
4) Durante el estudio deben los upasakas mantenerse
unidos como los dedos de la mano. Les enseñarás que todo cuanto perjudique a
uno ha de perjudicar a los demás; y si lo que uno alegue no encuentra eco en el
pecho de los demás, denotará que faltan las requeridas condiciones y será
inútil seguir adelante.
5) El gurú debe armonizar a los condiscípulos como si fueran cuerdas de un laúd (vina), que, aunque cada una distinta de las demás, emiten concertados sonidos. Colectivamente constituyen un teclado que responde en todas sus partes al más ligero toque (el toque del Maestro). Así sus mentes se abrirán a las armonías de la Sabiduría, vibrando en modulaciones de conocimiento en todas y en cada una de ellas, con efectos placenteros para los dioses que presiden (ángeles tutelares o custodios) y provecho para el discípulo. También así quedará la Sabiduría por siempre impresa en sus corazones, sin que jamás se quebrante la armonía de la ley.
6) Quienes deseen adquirir el conocimiento que conduce a lo siddhis (poderes ocultos) han de renunciar a todas las vanidades del mundo y de la vida. (Aquí sigue la enumeración de los siddhis)
7) Nadie puede continuar siendo upasaka si se cree diferente de sus condiscípulos y superior a ellos diciendo: "Soy el más sabio", "Soy el más santo, y más grato al Maestro o a mi comunidad que mi hermano", etc. Los pensamientos del upasaka han de estar predominantemente fijos sobre su corazón, eliminando de él todo pensamiento hostil a cualquier ser viviente, y llenándolo del sentimiento de su unidad con los demás seres y con todo cuanto en la naturaleza existe. De lo contrario, no es posible el éxito.
8) Un.Lanú (discípulo) sólo ha de rehuir las
influencias externas (las emanaciones magnéticas de las criaturas
vivientes). Por lo tanto, aunque en unidad con todo en su interna
naturaleza, ha de tener cuidado de apartar su cuerpo externo de toda
influencia extraña. Nadie sino él ha de comer en su plato y beber en su vaso. [Ni siquiera se permite tener animales domésticos, como perros, gatos, canarios, etc., ni tampoco tocar ciertos árboles y plantas. El discípulo ha de vivir, por decirlo así, en su propia atmósfera, a fin de individualizarla con ocultistas propósitos].
9) La mente debe permanecer embotada para todo menos para las universales verdades de la naturaleza, so pena de que la "Doctrina del Corazón" se reduzca a la escueta "Doctrina del Ojo" (esto es, el vano ritualismo exotérico) .
10) El discípulo no debe tomar alimentos de índole animal, ni nada que tenga vida. Tampoco ha de beber vino ni licores, ni usar opio, pues todas estas cosas son como los espíritus malignos (lhamayin) que se aferran al incauto y devoran el entendimiento. [El vino y los licores conservan y contienen el siniestro magnetismo de cuantas personas contribuyen a elaborarlos. La carne conserva las características psíquicas del animal de que procede.]
11) Los medios más eficaces de adquirir conocimiento y disponerse a recibir la sabiduría superior son la meditación, la abstinencia, el cumplimiento de los deberes morales, los pensamientos apacibles, las palabras amables, las buenas acciones y la benevolencia hacia todo, con entero olvido de sí mismo.
12) Únicamente por la observancia de las regIas anteriores puede esperar el lanú la adquisición, a su debido tiempo, de los siddhis de los arhates, cuyo desenvolvimiento lo conducirá gradualmente a la unidad con el Todo Universal.
Estos doce pasajes están entresacados de unas 73
reglas cuya enumeración resultaría inútil, porque ningún significado tendrían
en Europa. Todos los métodos de educación en Occidente, y más
todavía en Inglaterra, se apoyan en el principio de emulación y porfía. A cada
educando se lo excita a aprender más rápidamente, adelantar a sus compañeros y
sobrepujarlos en todo lo posible. Se cultiva asiduamente la equivocadamente
llamada "rivalidad amistosa", y este mismo espíritu se
alimenta y vigoriza en todas las modalidades de la vida. Con tales ideas,
inculcadas desde su niñez, ¿ cómo puede relacionarse un occidental con sus
discípulos "como lo Por otra parte, los pormenores de la conducta diaria y la prescripción de no tocar ni aun la mano de las personas más íntimas y queridas, ¡cuán opuestos son a las ideas occidentales sobre el afecto y los buenos sentimientos! ¡Cuán frío y duro parece todo ello! Habrá quien tilde de egoísmo de abstenerse de complacer al prójimo, a fin de progresar uno mismo. A los que así opinen, dejémoslos que difieran hasta otra encarnación el intento de entrar fervorosamente en el sendero. Sin embargo, no consintamos que se jacten de su imaginario inegoísmo, pues en realidad les engañan las apariencias y convencionalismos basados en las emotivas efusiones de la llamada cortesía, que pertenecen a la vida ficticia y no a los dictados de la verdad. Pero aun prescindiendo de estas dificultades, que
cabe considerar como "externas", si bien no deja de ser grande su
importancia, ¿cómo podrán los estudiantes occidentales encuadrarse en la
requerida armonía ? En Europa y América es la personalidad tan vigorosa, que
cuantos profesan las letras o las artes se envidian y aun se odian mutuamente.
El odio y la envidia entre los de una misma profesión han llegado a ser Quienes se quejan de haber aprendido poco en la
Sociedad Teosófica, fijen su atención en la siguiente sentencia entresacada de
un artículo publicado en la revista Path, de febrero de 1888:
EL OCULTISMO EN OPOSICIÓN A LAS ARTES OCULTAS
A menudo oí decir, pero nunca lo creí hasta ahora, que hay quien por medio de poderosos encantos mágicos rinde a su determinado propósito las leyes de la Naturaleza. (Milton)
El periódico Correspondencia de mayo de 1888 insertó varias cartas que atestiguan la profunda emoción que causó en algunos ánimos nuestro trabajo publicado en abril del mismo año 1888 bajo el título de Ocultismo práctico, Dichas cartas comprueban y refirman dos conclusiones lógicas, a saber:
1) Que muchos más hombres cultos y de buen entendimiento de los que pudieran figurarse los materialistas creen en el ocultismo y la magia. (4) 2) Que la
mayor parte de ellos (incluso muchos teósofos) no tienen claro concepto
Las ideas que se forjan de las facultades que el
Ocultismo confiere al hombre y de los medios que han de emplearse para
adquirirlas son tan variadas como caprichosas. Algunos se figuran que
para igualar a Zanoni sólo es necesario un maestro en el arte, que enseñe el
camino. Otros creen que para emular a Roger Bacon, o al conde de Saint Germain,
no tienen más que atravesar el canal de Suez e ir a la India. Muchos toman La "magia ceremonial", según las reglas burlonamente expuestas por Eliphas Levi, es otro imaginario alter ego de la filosofía de los antiguos arhates. En resumen, los prismas a cuyo través miran el Ocultismo los filósofos cándidos, son tan variados y multicolores como cabe en la humana fantasía. ¿Se indignarán estos candidatos a la sabiduría y al
poder si decimos la pura verdad? No solamente es útil, sino que ahora es ya
necesario desengañarlos antes que sea demasiado tarde. La verdad sobre este
punto puede declararse en pocas palabras: Entre los centenares que en Occidente
se llaman ocultistas, no hay ni media docena que tengan ni siquiera idea aproximada
de la genuina naturaleza de la ciencia que tratan de dominar. Con pocas
excepciones, están todos en pleno camino de la hechicería; pero dejémoslos
restablecer algún tanto el orden en aquel caos que predomina en su mente, antes
que protesten contra ,esta afirmación. Que conozcan primero la verdadera
relación entre las En nuestra refinada civilización occidental, donde las lenguas modernas han ido evolucionando con la formación de palabras expresivas de nuevas ideas y pensamientos, no se sentía la necesidad de nuevos vocablos para expresar conceptos que tácitamente se tildaban de "supersticiones", pues toda nueva modalidad mental aparecía materializada en la fría atmósfera del egoísmo de Occidente y el incesante afán tras los dioses de este mundo. Dichos vocablos únicamente hubieran podido expresar ideas que a duras penas eran capaces de albergar en su mente los hombres cultos, para quienes la magia es sinónimo de prestidigitación; la hechicería equivalente a crasa ignorancia y el Ocultismo la triste reliquia de los desequilibrados filósofos medievales del fuego, como Jacobo Boehme y Saint Martin; expresiones todas que se consideran más que suficientes para abarcar el campo entero de un "dedal de costura". Tanto la palabra magia como las palabras hechicería
y Ocultismo se usan en Occidente ensentido despectivo, y por lo general para
designar las escorias residuales de los tiempos del oscurantismo y los
perversos siglos del paganismo. Por lo tanto, no hay en nuestro idioma palabras
que definan y maticen la diferencia entre las referidas facultades anormales, o
entre las ciencias que conducen a su adquisición, con la Nuestros piadosos enemigos relacionan al demonio con el Ocultismo, mientras que sus impíos adversarios, los infieles, se ríen de Moisés, de los magos y de los ocultistas, y se sonrojarían de prestar seria atención a semejantes "supersticiones". Todo esto ocurre por no haber adecuadas palabras para expresar la diferencia entre lo sublime y verdadero y lo absurdo y ridículo, ni señalarse los claroscuros límites que los separan. Lo absurdo y ridículo son las teológicas interpretaciones que hablan del "quebrantamiento de las leyes de la naturaleza" por el hombre, Dios o el demonio. Lo sublime y verdadero son los científicos milagros y encantamientos de Moisés y los magos, de conformidad con las leyes naturales. Tanto Moisés como los magos egipcios estaban versados en la sabiduría aprendida en los santuarios (que eran las academias y corporaciones científicas de aquellos días) y en el verdadero Ocultismo. La palabra Ocultismo induce seguramente a error, tal como está traducida de la palabra compuesta Gupta-Vidya., que significa "conocimiento secreto". Pero ¿conocimiento de qué? Algunos términos sánscritos nos ayudarán a responder. Entre otros muchos nombres de la diversas clases de ciencia esotérica que aparecen en los Puranas esotéricos, citaremos por más notables los cuatro siguientes:
1) Yajña-Vidya.(5) es el conocimiento de las ocultas fuerzas de la naturaleza, puestas en acción por la práctica de ciertos ritos y ceremonias religiosas.
2) Mahâvidyâ, que significa "gran conocimiento". Es la magia de los cabalistas y del culto tántrico, aunque suele degenerar en hechicería de la peor especie.
3) Guhya Vidyâ, o conocimiento de las mismas
fuerzas del sonido (éter); y por lo tanto,
4) Atma-Vidyâ, que los orientalistas traducen
literalmente por "Conocimiento del alma"
El Atma-Vidya es la única clase de Ocultismo a que debe aspirar todo prudente e inegoísta teósofo admirador de Luz en el Sendero. Las demás modalidades de Ocultismo son ramificaciones de las ciencias ocultas, esto es, artes basadas en el conocimiento de la última esencia de todas las cosas en los reinos de la naturaleza (mineral, vegetal y animal) . Quien conoce esta última ciencia conoce también el reino material de la naturaleza, por invisible que sea dicha esencia y por mucho que hasta ahora haya escapado a las investigaciones científicas. La alquimia, astrología, fisiología oculta y
quiromancia tienen su razón de ser en la naturaleza, y las ciencias que acaso
por su inexactitud se llaman exactas en esta época de paradójicas
filosofías han descubierto algunas de estas artes. Expliquemos la cuestión. Toda persona puede estudiar
cualquiera de las mencionadas "artes ocultas" sin preparación
especial, sin restringir demasiado su género de vida ni depurar gran cosa su
moralidad; pero en este caso, el noventa por ciento de los estudiantes que se
hayan distinguido en una razonable modalidad de magia se precipitan
desaprensivamente en la negra. Pero como unos y otros han de cosechar los frutos de sus acciones en el arte negra, los practicantes occidentales no dejarán de obtener gozoso provecho aunque luego reciban su castigo porque el hipnotismo y la vivisección, tal como se practican en Occidente, son pura y simple hechicería, menos el conocimiento que poseen los vudús y dugpas, y que ningún Charcot ni Richet puede adquirir en medio siglo de arduos estudios ni experimental observación. Por lo tanto, que se queden sin Atma-Vidyia o verdadero ocultismo quienes lo desdeñan para chapucear en la magia, consciente o no de su índole, y rechazan por demasiado rigurosas las reglas impuestas a los estudiantes. Dejémoslos que sean magos por cualquier medio, aunque durante las diez encarnaciones siguientes no pasen de vudús y dugpas. Sin embargo, el interés del lector se concentrará
probablemente, en quienes sienten invencible atracción hacia el Ocultismo,
aunque todavía no hayan subyugado sus pasiones ni mucho menos sean
verdaderamente inegoístas. ¿Cómo proceder con estos desgraciados a quienes así
desgarran por mitad fuerzas antagónicas? Porque demasiadas veces se ha dicho
para que haya que repetirlo, y es cosa evidente para cualquier observador, que
una vez despertado de veras en el corazón del hombre el anhelo por el
Ocu1tismo, no le queda esperanza de paz ni lugar de descanso y consuelo en el
mundo. Una incesante y roedora inquietud, que no puede apaciguar, lo empuja a
las más desoladas y ásperas circunstancias de la vida. Su ánimo es demasiado
pasional y Seguramente lo hay. No aspire a mayores cosas que
las que se sienta capaz de cumplir. No eche sobre sus hombros una carga
demasiado pesada. Aunque no llegue a ser un Mahatma, un Buddha o un gran santo,
si estudia la filosofía y la ciencia del alma podrá ser un modesto bienhechor
de la humanidad, por más que carezca de facultades "sobrehumanas",
pues los siddhis o facultades del arhat se reservan únicamente Todo esto se ignora o se ha olvidado enteramente en
nuestros días. En efecto, quien sea capaz de observar la silente evolución de
las preliminares aspiraciones de los candidatos echará de ver que suelen
preocuparles extrañas ideas. En el santuario de nuestra alma, el
"Maestro" es el "Yo superior", el divino Espíritu cuya
conciencia deriva y se funda en la Mente (por lo menos durante la vida mental
del hombre), a la que llamamos alma humana o alma personal (pues
el alma espiritual es vehículo del Espíritu) . A su vez el alma personal está
constituida en su aspecto superior por aspiraciones espirituales, voliciones y
amor divino; en su aspecto inferior, por deseos animales y pasiones terrenas,
comunicadas por su contacto con el cuerpo ¿Cómo es posible que la armonía prevalezca y triunfe, cuando la mente está contaminada y turbada por el torbellino de las pasiones y los terrenales deseos de los sentidos corporales y del hombre astral? Porque el cuerpo astral no es compañero del Yo
superior, sino del cuerpo terreno. Es el lazo entre el manas inferior y el
cuerpo físico; el vehículo de la vida transitoria, no de la inmortal.
Como sombra proyectada por el hombre, sigue servil y mecánicamente sus
movimientos e impulsos, propendiendo, p)r la tanto, a la materia, sin ascender
jamás hacia el Espíritu. La unión con el Yo superior sólo puede cumplirse
cuando anulada la fuerza de las pasiones, quedan trituradas y aniquiladas en la
retorta de una inflexible voluntad; cuando no sólo han muerto las
concupiscencias y ansias de la carne, sino que, Así pues, ¿ cómo le sería posible al hombre entrar
por la angosta puerta "del Ocultismo", estando sus cotidianos
pensamientos ligados a todas horas con las cosas terrenas, con deseo de
poderío, concupiscencias, ambiciones y deberes que, si bien honrosos, no dejan
de ser terrenos? Se nos dirá que esto es lo natural; pero, aunque lo sea según el código de los humanos afectos, no lo es según el código del divino amor universal. Porque mientras el corazón palpite de amor tan sólo por unos cuantos seres, los más queridos e inmediatos, ¿cómo podrá el resto de la humanidad estar en nuestras almas? ¿Qué resto de amor y solicitud quedará en nosotros para profesarlo a la "gran huérfana"? ¿ y cómo se hará oír "la tenue y callada voz" en un alma enteramente ocupada en sus predilectos deudos? ¿Qué lugar se deja allí para las necesidades de la humanidad en conjunto, de modo que el corazón las sienta ya ellas responda fácilmente? Con todo, quien aspire a aprovecharse de la sabiduría de la mente universal, ha de lograrlo mediante la humanidad entera sin distinción de raza, temperamento, creencia, ni condición social. Sólo el altruismo, no el egoísmo, ni aun en su más noble y legítimo concepto, puede conducir al hombre a identificar su individual Yo con el Yo universal. El verdadero discípulo del verdadero Ocultismo ha de consagrarse a la obra de satisfacer las necesidades de la humanidad si quiere adquirir la Theo-Sophia o Sabiduría divina y Conocimiento. El aspirante ha de escoger absolutamente entre la
vida del mundo y la vida del Ocultismo. Inútil y vano intento es conciliarlas,
porque nadie puede servir a dos señores y complacer a ambos. Nadie puede servir
a su cuerpo ya su Yo superior, ni cumplir los deberes de familia, al propio
tiempo que los de la humanidad entera, sin privar a una o a otra de sus
derechos; porque si presta oído a la "tenue y callada voz" no podrá
escuchar el clamor de sus pequeñuelos; o si atiende a las necesidades de éstos,
quedará sordo a la voz de la humanidad. El casado que intentase seguir el verdadero
Ocultismo práctico en vez de la filosofía teórica habría de
sostener una incensante y desatentada lucha, porque continuamente vacilaría
entre la voz del impersonal divino amor a la humanidad y la del amor personal y
terreno, lo cual sólo podría conducirlo al fracaso en uno u otro o tal No sería esto lo peor, pues quienquiera que después
de haberse comprometido en el Ocultismo, ceda al halago de
un amor, experimentará por casi inmediata consecuencia el verse
irresistiblemente atraído del divino estado impersonal al inferior plano de
materia. El deleite sensual, aún sólo de pensamiento, entraña la inmediata
pérdida del discernimiento espiritual. La voz del Maestro no podrá
distinguirse entre la de las pasiones, como tampoco se distinguirá la de
un dugpa, porque en semejantes circunstancias no es posible
distinguir lo justo de lo injusto y la sana moralidad del estéril nominalismo. Pero una vez engañados y después de obrar según su
engaño, muchos hombres se niegan a reconocer su error y se hunden más y más en
el fango. Aunque de la intención deriva principalmente el que la magia sea blanca
o negra, los resultados de la hechicería involuntaria e inconsciente
no pueden por lo menos que augurar mal karma. Bastante se ha dicho en
demostración de que la hechicería es toda especie de maligna
influencia ejercida sobre otras personas que sufren o hacen sufrir en
consecuencia. El karma es una piedra que chapoteada en las tranquilas aguas
de la vida levanta ondulaciones cada vez
más amplias hasta el infinito. Las causas engendradas han de
producir efectos evidenciados en la justa e inquebrantable ley de retribución. puede inflamar sus sentidos ni sus deseos. Ninguna voz humana halla respuesta en sus almas, excepto el ruidoso clamor de la humanidad. Son los únicos que tienen asegurado e1 éxito. Pero son rarísimos y pasan por las estrechas puertas del Ocultismo porque no llevan la personal impedimenta de los transitorios sentimientos humanos. Se han desprendido de los afectos de la naturaleza inferior, paralizando la animalidad astral, y ante sus pasos se abre la estrecha pero áurea puerta. No les sucede lo mismo a quienes todavía han de llevar durante varias encarnaciones la carga de los pecados cometidos en pasadas y aun en la presente vida. A menos que procedan con suma precaución, la áurea puerta de Sabiduría puede transmutarse para ellos en la ancha puerta y el espacioso camino que "conduce a la perdición", y por la tanto "muchos son los que entran por ella". Esta ancha puerta es la de las artes ocultas practicadas con motivos egoístas, sin la restrictiva, previsora y benéfica influencia del Atma-Vidyâ. Estamos en la edad de Kali, cuya letal influencia es
mil veces más poderosa en Occidente que en Oriente. De aquí las fáciles
presas que las Potestades tenebrosas hacen en este ciclo de lucha, y las muchas
ilusiones en que hoy día se agita el mundo, entre ellas la relativa facilidad
con que los hombres se figuran que pueden llegar a la "Puerta"
y cruzar el umbral del Ocultismo sin grandes sacrificios. Tal es el sueño de
algunos Dejemos que se queden aquí, sin que su mucha
flaqueza les consienta mayor intento, porque ¡ay! de ellos si al volver la
espalda a la puerta estrecha, los arrastra su ansia de Ocultismo a dar un paso
en dirección de las anchas y halagadoras puertas del áureo misterio que
centellea a la luz de la ilusión. Los conducirá a la magia negra, y con
seguridad desembocarán muy luego en el fatal camino del Infierno, a cuya
entrada
Per me si va nella città dolente Per me si va nell`eterno dolore Per me si va tra la perduta gente.
INSINUACIONES PRÁCTICAS PARA LA VIDA DIARIA
PREFACIO
Las citas de que está compuesto este artículo no se entresacaron en un principio con el propósito de publicarlas; y por lo tanto pueden parecer algo deslavazadas. Vieron primeramente la luz como una Miscelánea teosófica, con la esperanza de que el lector pudiera hacer las convenientes anotaciones para formar un dietario de extractos v tener un duradero registro de los libros leídos, de modo que obtuviera positivo provecho de su lectura. Siguiendo este método, el lector condensaría en un breve espacio todo cuanto la pareciera esencial en el libro. También se insinúa como de valiosa ayuda para el estudiante aplicado, el método de leer cada mañana cierto número de citas, a fin de practicarlas durante el día y meditar sobre ellas en los ratos libres.
I
Levántate temprano, tan luego como te despiertes, y
no te quedes perezosamente en la cama medio despierto y medio soñando. Después ora
fervorosamente por la regeneración espiritual del género humano, a fin de
que cuantos luchan en el sendero de la verdad reciban positivo y vehemente
aliento de tus oraciones, y para que tú te
fortalezcas sin ceder al halago dc los sentidos. Represéntate en la mente la
imagen de tu
1) Nunca hagas nada que no sea de tu deber; esto es, nada innecesario. Antes de hacer una cosa, reflexiona si debes hacerla.
2) Nunca hables “palabras ociosas”. Antes de pronunciarlas, piensa el efecto que pueden producir .Nunca quebrantes tus principios de conducta por consideraciones de amistad.
3) Que nunca ocupen, tu mente vanos o inútiles pensamientos. Esto es más fácil para dicho que para hecho. No es posible desalojar de golpe la mente. Así, en un principio, procura evitar los malos u ociosos pensamientos, ocupando tu mente en el examen de tus faltas o en la contemplación de los seres perfectos.
4) Durante la comida, ejercita tu voluntad, deseando
que el alimento te aproveche para con tus pensamientos. Asimílate la idea de que nadie sino tú mismo puede ayudarte a desviar gradualmente tus afectos de todas las cosas. Antes de entregarte al sueño, ora como hiciste por la mañana. Pasa revista a las obras del día, y echa de ver en qué has faltado, y resuelve que no volverás a incurrir en la misma falta al día siguiente.
II
El genuino motivo de anhelar el conocimiento de sí mismo pertenece al conocimiento y no al Yo. El conocimiento de sí mismo merece que lo anhelemos a causa de que es conocimiento, y no porque pertenezca al Yo. El principal requisito para adquirir el conocimiento de sí mismo es el amor puro. Anhela el conocimiento por puro amor, y el conocimiento coronará eventualmente el esfuerzo. Cuando un estudiante se impacienta, es prueba segura de que obra por la recompensa, no por amor, lo cual demuestra también que no merece la gran victoria reservada a quienes verdaderamente obran por puro amor. El Dios en nosotros, esto es, el Espíritu de amor y verdad, de justicia y sabiduría, de bondad y poder, ha de ser nuestro verdadero y constante amor; nuestra única confianza; nuestra única fe, que firme como una roca nos sirve de apoyo; nuestra sola esperanza, que nunca nos engañará aunque todo perezca; y el único logro a que aspiremos con nuestra paciencia, esperando gozosamente, hasta agotar nuestro mal karma, que la presencia del divino Redentor se revele en nuestra alma. El contento es la puerta por donde ha de entrar el Redentor, porque quien está descontento de sí mismo lo está también de la ley que lo ha hecho tal como es; y siendo Dios de por Si, la ley, no podrá revelarse en quienes están descontentos de Él. Si admitimos que nos hallamos en la corriente de
evolución, debemos considerar que son para nosotros justas todas las
circunstancias en que nos hallemos; y esta consideración será nuestro mayor
auxilio cuando fracasemos en el cumplimiento del deber, pues no podemos
adquirir de ningún otro modo la serenidad que tanto recomienda Krishna. Si todo
nos saliere a la medida de nuestro deseo, no echaríamos de ver ningún
contraste. También es posible que por estar nuestros planes ignorantemente y,
en consecuencia, erróneamente trazados, la benéfica Naturaleza no permite que
los realicemos. No se nos vituperará por el plan; pero engendraremos mal karma
si no nos resignamos a la imposibilidad de llevarlo a cabo. Si estáis por
entero abatidos, será porque antes decayeron vuestros pensamiento. Puede un
hombre estar encarcelado, y, sin embargo, trabajar en favor de una
causa. Así os exhorto a que eliminéis de vuestra Obrad activamente cuando sea hora de obrar, y
entretanto esperad con paciencia que llegue esta hora. Colocaos en concordancia
con el flujo y reflujo de los negocios de la vida, a fin de que, apoyados en la
naturaleza y en la ley con la verdad y la bondad por faro, seáis capaces de
obrar maravillas. La ignorancia de esta ley tiene por consecuencia alternativas
de irreflexivo entusiasmo, por una parte, y del abatimiento y desconsuelo, por
otra, siendo así el hombre esclavo de la marea de la vida cuando debiera ser su
La energía acumulada no puede aniquilarse, sino
que se transmuta en otras modalidades de actuación; y como no es posible que
permanezca por siempre inactiva, continúa existiendo. Por lo tanto, es
inútil resistir a una pasión que no podemos dominar. Si no derivamos por
otros conductos su acumulada energía, se irá robusteciendo hasta que prevalezca
contra la voluntad y la razón. Para dominarla es preciso conducirla por
otro canal superior a aquel por el que iba.
III
Sabed que contra el deseo, la apetencia de recompensa y la miseria de la ambición no hay otro remedio que fijar: la vista y aplicar al oído a la invisible e insonoro. (8) Debe el hombre creer en su congénita facultad de progreso y no atemorizarse al considerar su naturaleza superior ni dejarse arrastrar por la inferior. (9) L, experiencia demuestra que las dificultades no han
de abatir al hombre, ni mucho menos desesperanzarlo, pues de lo contrario el
mundo no gozaría de las maravillas de la civilización. (10) Hay que abstenerse, por ser de justicia el abstenerse, no con el solo intento de mantenerse uno limpio. (12) Para pelear contra sí mismo y vencer en la batalla
es preciso que el hombre conozca que en la pelea está haciendo lo que debe
hacer. (13) En toda obra, sea la que fuere, hemos de considerar el mandato imperativo del deber, y no su relativa importancia o insignificancia. El mejor remedio para el mal no es reprimir sino eliminar el deseo; y esto puede con mayor eficacia cumplirse manteniendo la mente de continuo fija en las cosas divinas. El conocimiento del Yo superior queda invalidado cuando la mente se complace en los objetos de los de!;enfrenados sentidos. (14) Nuestra naturaleza es tan ruin, soberbia, ambiciosa,
concupiscente y entercada en sus juicios y opiniones, que si las tentaciones no
la restringiesen se arruinaría por completo. En consecuencia, nos acomete la
tentación a fin de que aprendamos a conocernos y seamos humildes. Considerad que no debéis hacer nada sólo para vos mismo, sino que habéis de cumplir los deberes prescritos por Dios. Anhelad encontrar a Dios y no busquéis lo que Dios os puede dar. (16) Haced todo cuanto hayáis de hacer; pero no con el propósito de recibir el fruto de la acción. (17) Si cumplís todas vuestras acciones con el pleno convencimiento de que no os han de allegar provecho personal, sino que las hacéis porque es vuestro deber y está en vuestro temperamento el hacerlas, se debilitará gradualmente la personalidad egoísta hasta que, por completo apaciguada, brille en todo su esplendor el verdadero Yo y lo conozcáis.(18) No debéis consentir que la alegría ni la pena os desvíen de vuestro resuelto propósito.. Hasta que el Maestro os acepte, trabajad abnegadamente por el progreso y adelanto de la humanidad. Esto es lo único que proporcionará verdadera satisfacción. El conocimiento aumenta en razón directa de su uso; esto es, cuanto más enseñamos, más aprendemos. Por lo tanto, busquemos la verdad con la confianza de un niño y la voluntad de un iniciado, comunicando nuestro conocimiento a quien de él carezca, para confortarlo en su peregrinación. El discípulo debe reconocer plenamente que los derechos individuales son el resultado ponzoñoso de la serpiente del egoísmo. Nunca puede recriminar ni censurar a nadie ni levantar la voz para defenderse o disculparse. Ningún hombre es nuestro enemigo ni nuestro amigo. Todos son por igual nuestros instructores (19) No hay que trabajar por apego al provecho temporal o espiritual, sino para cumplir la ley de la vida, que es la recta voluntad de Dios. (20)
IV
No viváis en lo presente ni en lo futuro, sino en lo eterno. La gigantesca hierba (del mal) no puede florecer allí. Esta mancha de la existencia se limpia en la atmósfera del pensamiento en la eternidad.3 Para lograr el "Conocimiento del Espíritu" es requisito indispensable la pureza de corazón, que puede alcanzarse por dos medios principales: desechando persistentemente todo mal pensamiento y manteniendo el ánimo sosegado en toda circunstancia, sin jamás agitarse ni irritarse por nada.. Estos dos medios de purificación reciben su mayor estímulo de la devoción y la caridad. No hemos de desmayar en nuestros esfuerzos, aunque nos sintamos todavía impuros. Que cada cual aspire a la pureza y se esfuerce en alcanzarla por el recto camino cuya primera etapa es la pureza de corazón. La mente ha de purificarse también cuando uno siente
cólera o dice falsedades o sin necesidad descubre las faltas ajenas o
dice y hace algo con propósito de lisonja, o cuando alguien queda engañado por
la insinceridad de palabra u obra. (21) Quien obra por motivos egoístas no puede entrar en
un cielo donde no existe el egoísmo. Quien no ansía el cielo, sino que está
contento donde se halla, está ya en el cielo, mientras que el
descontento clamará en vano por él. Libre y feliz es quien carece de personales
deseos, y el "cielo" no puede significar otra cosa que un estado de
liberación y felicidad. Quien hace las buenas obras con esperanza de recompensa
no es feliz hasta recibirla, y en cuanto la recibe, cesa su felicidad. No caben
descanso y felicidad permanentes mientras haya qué hacer y cumplir. El
cumplimiento del deber Quien se cree más santo que otro y se jacta de no tener talo cual vicio o flaqueza, y presume de sabio y de superior en algo a sus prójimos, es incapaz del discipulado. El hombre ha de volverse como niño para entrar en el reino de los cielos. Sublimes tesoros son la virtud y la sabiduría; pero si engendran orgullo y el sentimiento de separatividad respecto a los demás, serán las serpientes del egoísmo reaparecidas en distinta forma. La primera regla consiste en la entrega y sacrificio del corazón del hombre con todas sus emociones, lo cual significa el logro de un equilibrio inalterable por las emociones personales. Poned sin demora en práctica tan buenas intenciones
y no dejéis ni una solo en propósito. Nuestro único procedimiento verdadero
consiste en que el motivo de la acción esté en la misma acción y nunca en su
recompensa. No ha de incitarnos a la acción la esperanza del resultado ni
tampoco hemos de mantenernos en la inacción.
Las características del sabio iluminado son:
1) Carencia de todo deseo, y conocimiento de que sólo el verdadero Ego o supremo Espíritu es felicidad y que todo lo demás es dolor.
2) Carencia de apego o repulsión a cuanto pueda
sucederle, pues obra sin cálculo
Finalmente llega la subyugación de los sentidos, que no aprovecha gran cosa sin la primera característica, y es inútil y con frecuencia nociva, por engendrad ora de hipocresía y orgullo espiritual, sin la segunda característica. (26) Quien no practica el altruismo y no es capaz de compartir su último bocado con el más pobre o desvalido que él; quien se niega socorrer a su prójimo de cualquiera raza, nación o creencia, siempre y dondequiera lo vea sufriendo; quien cierra los oídos al clamor de las miserias humanas; quien oye calumniar al inocente y no lo defiende como se defendería a sí mismo, no es teósofo.
V
Nadie obra bien si descuida los inconfundibles deberes de la vida resumidos en el divino mandamiento. Quien cumple con su deber pensando que de no cumplirlo le resultará perjuicio, o que su cumplimiento le allanará las dificultades que se les presenten en el camino, obra con la vista puesta en el resultado. Hemos de cumplir con nuestro deber tan sólo porque
lo manda Dios, quien puede en cualquier instante dispensarnos de su
cumplimiento. Mientras no apacigüemos la inquietud de nuestra naturaleza,
debemos obrar consagrando a Dios los frutos de nuestra acción y atribuirle el
mérito de nuestras obras. La verdadera vida del hombre consiste en identificarse
con el supremo Espíritu. Pero esta vida verdadera es del todo independiente
de nosotros, porque es en sí la real verdad y no la actualiza
ninguna de nuestras acciones. Lo primero que debe hacer el hombre es desechar la
idea de que obra él de por sí, pues todas las acciones tienen por esfera
las "tres cualidades naturales" y no en modo alguno el alma. Como quiera que reside en cuerpo mortal, le conturba
la duda; y esto denota su ignorancia de algo, por lo que ha de disipar la duda
con "la espada del conocimiento", pues si sabe responder a una duda,
de seguro la disipará. Toda duda proviene de la naturaleza inferior y
nunca de la superior. Así es que, a medida que aumente su Porque se ha dicho: "El perfecto de la devoción
(o que perseverare en su ejercicio) adquiere con el tiempo,
espontáneamente, conocimiento espiritual." y también se ha dicho: "El
hombre de mente dubitativa no goza de este mundo ni del otro, ni logra
bienaventuranza final." Esta última frase rebate la idea de que si existe
en La verdadera oración consiste en contemplar todas
las cosas sagradas o aplicadas a los actos de la vida diaria, acompañadas del
vehemente y cordial deseo de que sea más intensa su influencia para enaltecer y
mejorar nuestra conducta, y que se nos conceda algún con cimiento de ellas.
Todos estos pensamientos deben entretejerse con el conocimiento de la suprema y
divina Esencia de que dimanaron todas las cosas. El pensamiento tiene potencia reproductiva, y cuando la mente se posa en una idea, queda coloreada por ésta, y todas las demás ideas, asociadas con la principal, brotan entonces de la mente. Por esta razón el místico acaba por conocer todo objeto en el que constantemente piensa con detenida contemplación; y así dijo Krishna con mucho acierto: "Piensa constantemente en mí. Confía sólo en mí. y con seguridad llegarás a mí". La vida es el gran maestro. Es la gran manifestación del Ego, quien a su vez manifiesta al Supremo. De aquí que todos los métodos sean buenos y todos formen parte del sublime anhelo de la devoción, la cual, según el Bhagavad Gita, es "el éxito en las gestiones". Las facultades psíquicas, a medida que se vayan recibiendo, también deben emplearse porque nos revelan el conocimiento de algunas leyes; pero no hay que exagerar su valía ni tampoco desconocer sus riesgos. El que confía en sus facultades psíquicas es como quien se enorgullece y canta victoria por haber llegado a la primera estación de la cuesta que conduce a los picachos que se ha propuesto escalar.
VI
Es una ley eterna que el hombre no puede ser redimido por una potestad exterior a sí mismo. De ser esto posible, bastara con que hace muchísimo tiempo hubiera visitado la tierra un ángel que declarando verdades celestes y manifestando las facultades de la naturaleza espiritual, descubriese a la conciencia humana los mil hecho que ignoraba. (28) El crimen lo mismo puede perpetrarse en pensamiento
que en acción. Quien por cualquier causa odia a otro, que gusta vengarse
y no perdona las injurias, está poseído del espíritu del homicidio, aunque no
se dé cuenta de ello. Quien se doblega a falsas creencias y somete su
conciencia a una institución humana, blasfema de su divino ser, y por lo tanto
"invoca el nombre de Dios en vano aunque no preste juramento alguno.
Quien desea o simpatiza con los deleites sensuales, sea en el trato conyugal o
fuera de él, es el verdadero adúltero. Quien no presta al prójimo los
conocimientos, bondades y auxilios que prudentemente pudiera otorgarle, y vive
para acumular riquezas materiales, es el verdadero ladrón. Quien difama,
calumnia y rebaja el carácter de su prójimo en toda especie de falsedades, es
también un ladrón y de la peor índole. (29}
EDUCACIÓN DEL PENSAMIENTO - Concentrad todas las fuerzas de vuestra alma en el empeño de cerrar las puertas de vuestra mente a todo pensamiento, sin permitir la entrada más que a los que prometan revelaros la irrealidad de los sentidos y de la vida corporal y la paz del mundo interior. Reflexionad noche y día sobre la irrealidad de
cuanto os rodea y de vuestra misma personalidad. Los malos pensamientos
no son tan nocivos como los ociosos e indiferentes, porque de los malos
pensamientos podemos guardarnos cuando nos determinemos a combatirlos y
vencerlos. Esta determinación robustecerá vuestra
VII
Nada más valioso para quienquiera que un excelso
ideal hacia el que aspire de continuo ya él amolde sus pensamientos y emociones
de suerte que regulen lo mejor posible su conducta. Si así se esfuerza para llegar
a ser, más bien que a parecer como su ideal, no fracasará en el
empeño de acercarse cada vez más a él. Sin embargo, habrá de luchar para este
logro, y si su ideal es elevado y verdaderamente se encamina a alcanzarlo no se
envanecerá, sino que, por el contrario, se humillará de su rectitud, pues al
descubrir ante sí la posibilidad de mayor adelanto en planos todavía más
elevados, no se engreirá de su progreso ni tampoco se entibiará su ardor.
Precisamente, el reconocimiento de las Si creemos que el objeto de la vida es la
satisfacción y bienestar de la personalidad, y que el bienestar material
confiere la suprema dicha, confundiremos lo inferior con lo superior y la
ilusión con la verdad. Nuestra modalidad material es consecuencia de la
constitución material de nuestros cuerpos. Somos "gusanos de la tierra"
porque nuestras aspiraciones se arrastran por la tierra; pero si entráramos en
un sendero de evolución donde fuésemos menos materiales y más etéreos, tomaría
muy distinto cariz la civilización. Muchas cosas que ahora nos parecen
indispensables y necesarias dejarían de serlo; y si pudiéramos transferir
nuestra conciencia de un extremo a otro del globo con la velocidad del
pensamiento, serían inútiles los actuales medios de comunicación. Cuanto más
profundamente nos hundimos en la materia, más medios de comodidad material
necesitamos; pero el esencial y potente dios interno del hombre no es
mate- ¿Cuáles son las verdaderas necesidades de la vida ? La respuesta está en relación con lo que cada cual crea necesario. Los ferrocarriles, los buques de vapor, la luz eléctrica, etc., nos son ahora necesarios; y sin embargo, millones de gentes han vivido largo tiempo felices sin conocerlos. Para uno serán necesarios una docena de palacios; para otro, un carruaje; para otro, una pipa o una botella de ron. Pero todas las necesidades de esta índole. son ficticias, constituyen el estado en que el hombre se encuentra satisfecho y le incitan a permanecer en él, sin desear algo superior, por lo que pueden ser estorbo más bien que impulso en su evolución. Si nos eleváramos a un estado más alto, en el que no se exigiese nada artificioso, todas las cosas ficticias dejarían de ser necesarios y no las desearíamos; pero la apetencia de placeres groseros, en los que tiene fijo su pensamiento, le impide al hombre entrar en la vida superior.(34)
NOTAS
(1)
Tan sagrado se juzga este parentesco
espiritual en la Iglesia griega, que el matrimonio entre padrino y madrina de
una misma criatura se considera un
(2) Al bautizado se lo unge con el crisma, como en la iniciación y en verdad que el bautismo es un misterio.
(3) Conviene
advertir que a todos los discípulos, aunque sean legos, se los llama
upasakas hasta recibir la primera iniciación, cuando se les da el nombre de
(4) El Ocultismo difiere grandemente de la magia.
(5) Dicen los brahmanes que el Yajña existe desde la eternidad y procede del Ser Supremo... en quien está latente "sin principio". Es la clave de la traividya, la ciencia tres veces sagrada, contenida en los versículos de los ritos sacrificiales. Según la INTRODUCCIÓN al brahmana Aitareya; "El Yajña existe en todo tiempo tan invisible como la energía almacenada en un acumulador eléctrico cuya actualización requiere únicamente el debido manejo del aparato. Supónese que el Yajña se dilata desde el ahavaniya o fuego del sacrificio, hasta los cielos, en forma de puente o escalera por la cual puede el sacrificador comunicarse con el mundo espiritual y aun elevarse en vida hasta las moradas de los dioses." El Yajña es una modalidad del akásha, y para actualizarla es preciso que el sacerdote iniciado pronuncie la Palabra perdida, bajo el impulso del poder de la voluntad. (lsis sin Velo -Ante el velo- , tomo primero).
(6) Quienes se inclinan a ver tres Egos en el hombre denotarán su incapacidad para advertir el metafísico significado de esta afirmación. El hombre es una trinidad de cuerpo, alma y espíritu; pero, sin embargo, el hombre es uno y seguramente no es su cuerpo físico o transitoria vestidura. Los tres Egos son los tres aspectos del hombre en los planos astral, mental y espiritual.
(7) Véase Magia blanca y negra por Franz Hartmann
(8) Véase Luz en el Sendero
(9) Véase Comentarios a Luz en el Sendero
(10) Mabel Collins, Por las Puertas de Oro
(11) Por las Puertas de Oro.
(12) Luz en el Sendero
(13) Por las Puertas de Oro
(14) Bhagavad Gita
(15) Molinos, Guía Espiritual
(16) Bhagavad Gita
(17) Bhagavad Gita
(18) Comentarios a Luz en el Sendero
(19) Luz en el Sendero
(20) Bhagavad Gita
(21) Luz en el Sendero, Regla 4.
(22) Bhagavad Gita
(23) Bhagavad Gita
(24) Hartmann, Magia blanca y negra
(25) Se entiende aquí por fe el conocimiento adquirido mediante el ejercicio del altruismo y la benevolencia.
(26) Bhagavad Gita
(27) Bhagavad Gita
(28) Spirit of the New Testament, pág. 508.
(29) Spirit of the New Testament, pág. 513.
(30) Theosophist, julio de 1889, pág. 590
(31) Theosophical Siftings. Nº 3, vol. 2-89.
(32) Patanjali, Aforismos del Yoga.
(33) J. Buck, Man, pág 106.
(34) Hartmann, Magia blanca y negra
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