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_Gant 390_Alquimia Ciencia Espiritual    

 

Queridos fraternos, prosiguiendo con la recopilación de documentos alquímicos, aquí podrás deleitaros con otra joya de la Alquimia.

                                         ShakespeareHood para todo el mundo

 

 

 

LA ALQUIMIA,

CIENCIA ESPIRITUAL

 

 

por  José Antonio Puche Riart

 

 

 

INDICE

 

1. Introducción

2. Los Hijos de la Ciencia

3. La búsqueda

4. La inteligencia mineral

5. El proceso químico

6. El proceso físico

7. Las energías sutiles

8. La materia ¿a que es sensible?

9. La energía espiritual

10.  El laboratorio y las energías sutiles

11.  La evolución del alquimista

 

 

 

 

1 – INTRODUCCION

 

Saludos cordiales:

 

Este  texto  lo  redactamos  a  primeros  de  abril  de  2.002.    El  motivo  de  su  redacción  es  una  petición particular para exposición de este conocimiento.

 

El texto lo dedicamos a nuestra hija Silvia, y nuestros amigos alquimistas Omar Exoslius, Flordete, Leo Rubens y Sergio Fritz

 

El autor de esta composición: J. A. Puche Riart

 

 

 

 

2.-LOS HIJOS DE LA CIENCIA

 

En los textos alquímicos suele aparecer una referencia permanente: Los hijos de la Ciencia. Muchos nos hemos  preguntado con frecuencia a quienes  se referían  los  antiguos Filósofos  cuando  hablaban  de ellos, e incluso muchas veces nos sentimos identificados con ellos al proceder a la lectura del texto.  Pero ¿quiénes  son  estos  hijos  de  la  Ciencia?  ¿Para  quién  escriben  los  alquimistas?.    Preguntas  de  difícil contestación.   No escribieron para ellos mismos, para vanagloriarse de haber alcanzado el Precioso Don de Dios, tampoco para el común de los mortales, incapaz de percibir la realidad expresada en sus líneas.

Buenos  textos,  mucho  trabajo,  un  solo  objeto:  Transmitir  la  verdadera  Ciencia  con  Conciencia,  la Alquimia, a aquellos que puedan comprenderla.

 

Los  textos  están  dirigidos  solamente  a  aquellos  hombres  que  han  alcanzado  el  nivel  de  conciencia requerido por la Alquimia. Su misión es introducirlos en la práctica , y sólo aquellos que superen el nivel tendrán la posibilidad de acceder al conocimiento y practicar con éxito el verdadero Arte de la Alquimia.

 

Sabiendo claramente para quienes escribieron los Filósofos, nos queda saber que requisitos cumplen los hijos  de  la  Ciencia  y  comenzar  a  penetrar  un  poco  más  en  los  misteriosos  arcanos  de  esta  Filosofía Natural.    Los  autores  no  son  muy  explícitos  al  respecto  y  mucho  hay  que  rebuscar  en  la  literatura alquímica, entre cientos de polvorientos legajos y olvidados manuscritos de las más nutridas bibliotecas. Por suerte ahora existen abundantes reproducciones en Internet de los manuales más conocidos de nuestro Arte, antiguos y modernos.

 

El  perfil  del  buscador  del  Arte  es  el  clásico,  igual  que  en  el  pasado,  una  constante  universal, independiente del nivel de estudios de la persona. El Trevisano, Pontano, Cyliani, y muchos otros pasaron un duro calvario rebuscando, investigando, una gran fuerza atractiva producida por la Alquimia les supera y les arrastra haciéndoles luchar contra viento y marea, consume sus existencias en la squeda de una Ciencia que acaba conviertiéndose en realidad en sus manos, tras os de duras y penosas squedas.

 

Muchos de los buscadores fracasan, y no llegan a buen puerto, al no ser capaces de realizar una correcta interpretación de los textos.  Otros  mueren atacados por los ácidos, los vapores mercuriales, las explosiones y los incendios en los laboratorios, otros son asesinados por sus contemporáneos en busca del vil metal, y los hay de los que terceros se benefician de sus descubrimientos, tal es el caso de Cyliani, al que su patrón intentó asesinar, sobreviviendo a duras penas.

 

En la actualidad los aficionados a la Alquimia son mucho más numerosos de lo que cabría suponer en un mundo tan masificado, globalizado, comercializado, y dominado por las ateas leyes del comercio.   Las ediciones de las obras de Alquimia son más abundantes que nunca, y denotan el resurgir de una Ciencia muchas  veces  declarada  extinguida,  por  aquellos  que  no  han  sido  capaces  de  comprenderla  en  su  más completa amplitud: La Vanidad.

 

No hace falta retrotraernos en el tiempo para estudiar el prototipo del Filósofo y del hijo de la Ciencia para llegar a conocer su personalidad y saber que es lo que los distingue de los demás.  Los tenemos entre nuestros  contemporáneos  y  viven  con  nosotros.  Son  personas  como  nosotros,  con  sus  defectos,  sus problemas y sus historias.

 

 

3 LA BUSQUEDA

 

A lo largo de nuestra existencia nos dedicamos, además de los estudios oficiales, a estudiar e investigar muchas  cosas  relativas  a  las  ciencias  llamadas  esotéricas:        A  nuestros  diecisiete  años  uno  de  los profesores de Preuniversitario (que es médico) nos recomendó la lectura de un conocido libro de Lobsang Rampa, el Tercer Ojo (publicado por Ediciones Troquel, de Buenos Aires, Argentina).  Como estudiantes díscolos,  como  éramos,  no  hicimos  caso  durante  varios  años,  cayendo  al  final  en  nuestras  manos.   La lectura del libro nos hizo comprar todos los libros que podíamos encontrar del autor, conforme se iban publicando y nos aficionó a conocer otros aspectos del ser humano, pensamos que podrían llegar a estar a nuestro alcance.

 

Pero las lecturas de autores como Annie Besant, Helena Petrovna Blatvaski, Dion Fortune, Silo, y muchos otros nos dejaban completamente   insatisfechos.   Apenas cubrían las necesidades espirituales que sentíamos en aquellas épocas.

 

Cuando cayó en nuestras manos el primer libro de Fulcanelli, “El misterio de las Catedrales” (publicado por  Plaza  y  Janés,  Madrid,  España),  nos  sobrecogió  la  cantidad  de  secretos  que  encerraba,  la  amplia cultura  del  alquimista,  que  en  un  ambiente  centrado  en  la  Edad  Media  definía  los  misterios  de  la Alquimia, tan oscuramente que a duras penas entendíamos la verdad en sus palabras.

 

Verdaderamente,  aún  faltaban  muchos  años  para  que  pudiésemos  ser  capaces  de  comprenderlo.  Las enseñanzas de Eugène Canseliet nos parecieron tan buenas cómo las de Fulcanelli, y tras arduos años de estudio nos permitieron ver las neas generales de la vía del antimonio, la que el Sr. Canseliet enseña en sus libros.

 

Pasaron los os, y nace la época dorada de la Alquimia, se publican muchísimos libros hasta entonces inencontrables, y después   se fueron incorporando a Internet, de modo que la información corre fluida clara y cristalina.

 

Una extraña serie de circunstancias nos hicieron conocer al alquimista español Simón H. y conocer su Obra, llegando a ser uno de sus alumnos, de ese modo pudimos saber el verdadero principio de las as húmedas, especialmente el de la Universal, y gracias a él conocimos a los más interesantes alquimistas del mundo contemporáneo, procedentes de diversos países.

 

Conviene aclarar que la vía de Simón H. no coincide con las de Ireneo Filaleteo, Nicolás Flamel, ni con ninguna otra, no obstante las neas generales de su operativa  son extraordinariamente similares a las de las  vías  medas,  a  pesar  de  que  esa  vía  es  una  de  las  más  secas  del  Arte.    En  la  actualidad  no continuamos con Simón H. aunque lo consideremos un buen amigo, al no  coincidir con sus puntos de vista particulares sobre la Alquimia. Reconocemos que nadie mo él puede enseñar la parte filosófica, la más difícil de enseñar, y rige los patrones de conducta e inspiración de los verdaderos alquimistas.

 

Nuestras ideas se han asentado, y poco a poco se han ido deslindando los distintos procedimientos que siguen los alquimistas para conseguir la Piedra Filosofal.  El contacto con otros alquimistas, y el trabajo personal nos han llevado a una visión de la Alquimia más clara y objetiva que hace unos pocos años.

 

También debemos agradecer a nuestro buen amigo Omar Exoslius el grado de conocimientos que hemos alcanzado.  Es uno de los alquimistas que más lejos han llegado en el conocimiento de este viejo Arte y retomado la llama de la antigua Sabiduría legada por los antiguos Maestros.

 

 

4.-  LA INTELIGENCIA MINERAL

 

Inteligencia mineral”:   Sorprendente nombre para un hecho natural. Los minerales no piensan, ni son inteligentes, pero obedecen las Leyes dispuestas por el Supremo Creador conformes a su naturaleza.  Para poder  introducirnos  en  el  concepto físico  de  la  inteligencia  mineral  conviene  mirar  las  cosas  desde un punto de vista histórico y tratar de llegar filosóficamente a la base fenomenológica que rige la Alquimia.

 

Numerosos  son  los  testigos  de  transmutaciones  a  lo  largo  de  la  Historia.  Muchos  de  ellos  insignes científicos de cuya reputación es imposible dudar.  Por eso si admitimos mo ciertos los testimonios de las transmutaciones cómo certeros, concluiremos que éstas obedecen a leyes físicas determinadas.

 

Todas las transmutaciones tienen un factor común, la Piedra Filosofal, tanto las producidas por la misma piedra,  como  las  producidas  por  la  mayoría  de  los  particulares,  que  se  basan  en  el  conocimiento incompleto de la materia de la Piedra.

 

En la actualidad, las Ciencias conocen las transmutaciones producidas por las cuatro series de elementos radiactivos,  una  serie  es  natural  y  tres  son  artificiales.    La  naturaleza  física  de  las  transmutaciones alquímicas  no  se  puede  escapar  al  ojo  de  águila  del  científico,  no  son  transformaciones  químicas,  por mucho que se empeñen los espagiristas de tres al cuarto. El estudio técnico ha comenzado a conocerse a finales del siglo XIX con las investigaciones de los esposos Curie, y se han comenzado a conocer por la Física del siglo XX, especialmente la nuclear y la mecánica cuántica.

 

Fulcanelli nos da una explicación (en términos alquímicos) del proceso energético que rodea la misteriosa Piedra  Filosofal.   Se  trata  de  un  producto  capaz  de  acumular  cada  vez  más  energía  a  lo  largo  de  un proceso reiterativo.   A cada repetición del proceso, o Rueda, la energía “ígnea”   que posee la Piedra se multiplica por diez, también la capacidad multiplicativa de la Piedra y la potencia transmutatoria.

 

Si  vamos  un  poco  más  hacia  el  interior  trataremos  de  ver  qué  ocurre  a  escala  microscópica  y macroscópica, nos interesa saber cómo una sustancia puede activarse y almacenar una gran cantidad de energía.   La  mejor  forma  de  llegar  a  conclusiones  correctas  es  la  interpretación  de  los  textos  de  los antiguos autores seleccionados entre aquellos considerados buenos y fidedignos desde el punto de vista de nuestra experiencia, y desechando los textos de los que han oscurecido el Arte de la Alquimia.

 

Hay  una  general  coincidencia  entre  los  autores  en  considerar  que  los  metales  una  vez  se  han  fundido, están  muertos”,  es  decir,  que  han  perdido  su  capacidad  de  activación  en  el  proceso  de  la  Alquimia: Antes de la fusión estaban vivos, una vez se funden y solidifican de nuevo, mueren”.  Por tanto, la vida se debe buscar en el Reino Mineral, en tanto no se hayan manipulado los minerales.

 

La vida mineral se explica por la existencia de una red energética a nivel subnuclear (que por excitación térmica se rompería), y que es la responsable de los curiosos fenómenos energéticos que tienen lugar en la Piedra  Filosofal.   Siempre  y  cuando  los  productos  relativos  a  la  Piedra  Filosofal  se  extraigan  con  una energía  menor  a  la  que  destruye  la  citada  subestructura  subnuclear,  esta  tendría  la  capacidad  de  ser activada y producir los fenómenos descritos en los textos clásicos.

 

La inteligencia mineral es la capacidad de ordenación que presenta la materia viva, que siempre se realiza de idéntica forma, como consecuencia de la actividad de la red energética a lo largo del proceso filosofal.

Es un femeno con una gran entropía negativa, propia de todos los femenos producidos por la materia viva, y la máxima expresión posible dentro del Reino Mineral.

 

Esta  capacidad  de  ordenación  también  tiene  sus  efectos  sobre  el  operador,  cómo  veremos  en  los siguientes capítulos.

 

 

IMICO

 

Todas las vías de la Alquimia describen una serie de procesos químicos.   Aparentemente son diferentes entre sí, y resulta extremadamente difícil encontrar los nexos de unión que identifican unos con otros.

 

El conocimiento de los procesos químicos que tienen lugar en la materia alquímica es fundamental para identificar que procedimientos son viables y cuales no, a priori.  Muchas veces los alquimistas trabajaron en  vano  al  emplear  materias  que  la  acción  del  fuego  había  destruido  por  completo  en  lo  referente  al sustrato energético.  No obstante lo dicho, esto no quiere decir que no se puedan emplear en los procesos intermedios,  o  al  final  se  hagan  acompar  de  otra  materia  susceptible  de  activación  en  el  momento adecuado.

 

Por otra parte, la pureza de las sustancias que intervienen en los procesos químicos de la Obra debe ser cuidada en extremo, para impedir la contaminación con materias ajenas o impropias para los trabajos.  No obstante la pureza de los materiales no debe de ser llevada más allá de lo los mites que convengan para cada una de las fases intermedias.  Lo perfecto es enemigo de lo práctico.

 

Los métodos científicos no son enemigos de la Alquimia, más bien al contrario.  El conocimiento exacto de los procesos químicos y de los productos permite realizar  muchas simplificaciones válidas desde el punto de vista energético y ahorrar mucho trabajo, especialmente en los procesos para la obtención de las sustancias que componen el huevo filosófico.

 

Las técnicas modernas, basadas en el conocimiento de los reactivos y de los productos comerciales que se emplean   en   los   laboratorios  permite   al   alquimista   ahorrarse   muchos   de   los   trabajos   que   eran absolutamente   necesarios   en   la   antigüedad,   especialmente   porque   los   productos   son   de   pureza garantizada.  Una vez conocidos los procesos y las técnicas, las simplificaciones inherentes a los procesos permiten la fabricación del huevo filofico en breve plazo, en el caso de la vía más sencilla.

 

En otras vías el proceso es más lento, porque no ha sido posible hacer muchas simplificaciones, y porque los tiempos de reacción son a diferentes velocidades.  Hay procesos que requieren bastante tiempo para su realización porque hacen falta  materiales  preparados y  muchas reiteraciones del mismo procedimiento. Por ejemplo tal es el caso de las famosísimas “águilas” que enseña el maestro de Alquimia Simón H.

 

La frase clásica “La piedra no admite nada extraño a su naturaleza” es completamente cierta.  Una vez se conocen  los  productos  que  componen  la  piedra  filosofal,  sabremos  que  se  puede  emplear  para  su confección,  qué  contamina  y  qué  no,  las  sustancias  que  forman  el  huevo  filofico.                                                                       Por  eso  el conocimiento científico es fundamental para saber cocinar” y trabajar con productos garantizados que aseguren  el  éxito  con  los  productos  filosóficos.   Solo  se  pueden  emplear  sustancias  afines  a  la  Piedra Filosofal, es decir de su misma naturaleza.

 

La Piedra Filosofal es el resultado de la conjunción del Azufre Filosófico y del Mercurio Filosófico, sea cual sea la Obra.   Los antiguos hablan del Mercurio Doble o Rebis, y también del Mercurio Triple, en función de la vía seguida, ya que en algunos casos se incorpora una tercera materia en el Huevo.

 

El Azufre Filosófico y el Mercurio Filosófico son sustancias determinadas y concretas, que se deben de obtener de modo que no se pierda la subestructura energética del mineral.  La química moderna ayuda a la elaboración de estos productos facilitando enormemente la labor del alquimista, que a su vez debe velar por la “canonicidad” del proceso, para no desvirtuar las propiedades requeridas.

 

El conocimiento técnico es bueno para el alquimista, a despecho de la opinión de algunos alquimistas que no admiten más posibilidades que aquellas que se ven capaces de intuir.   El respeto y la aceptación del conocimiento  simplifican  los  trabajos,  mejoran  la  calidad  de  los  productos  obtenidos  y  facilitan enormemente las labores propias del alquimista, descargándolo de trabajos itiles.

 

El apoyo de unos medios técnicos adecuados permite mejorar el control del proceso, y evita accidentes que podrían destruir su obra con facilidad por errores, sin duda, involuntarios.

 

 

6.- EL PROCESO FISICO

 

Una vez obtenidos el Azufre y el Mercurio Filosóficos conviene proceder a la inmediata preparación del huevo  filosófico.    Los  productos  alquímicos  mantienen  de  una  manera  metaestable  la  subestructura enertica del mineral, como no es posible la duración indefinida de dicho estado, lo más recomendable es proceder a la conjunción y preparar el huevo filosófico de inmediato en cuanto se han obtenido.  Si no se realizase se produciría la pasivación alquímica de los materiales, que ya no servirían para la Obra.

 

El  huevo  se  fabrica  de  cristal,  y  generalmente  se  emplean  los  de  borosilicato  comerciales,  y  una  vez introducidos el Azufre y  Mercurio filosóficos se hace el vacío, y se cierra, como describe el Mutus Liber en la lámina en la que el operador sorbe el aire con una cañita de su interior.

 

Una vez cerrado se introduce en el horno filosófico, el Athanor , y se procede a una cocción dentro del estrecho  margen  térmico  de  tolerancias,  iniciándose  de  este  modo  el  curiosísimo  proceso  físico  que produce la Piedra Filosofal, y que hasta la fecha la Ciencia oficial no ha sido capaz de desvelar.

 

Para introducirnos en el meollo de la cuestión energética tendremos que enfocarlo desde el punto de vista histórico, y paso a paso centrarnos en lo que nos interesa:  Hay infinidad de testimonios de personas que han realizado o visto transmutaciones metálicas.   Los testigos han sido científicos de gran valía, y no se puede dudar de la veracidad de su testimonio, por lo que aceptamos que estos dijeron la verdad.

 

Las  transmutaciones  sabemos  que  requieren  una  gran  energía,  y  que  es  de  extrema  dificultad  su realización:  Las centrales nucleares requieren unas grandes vasijas que impiden la salida de la radiación y  de  los  productos  radiactivos  hacia  el  exterior,  además  sólo  tienen  lugar  dentro  de  las  cuatro  series radiactivas,  tres  artificiales  y  una  natural.  Las  transmutaciones  siguen  unas  reglas  establecidas  por  la naturaleza, y no resulta nada fácil, por no decir imposible salirse del orden establecido.

 

Los medios empleados son muy costosos, ciclotrones tal como el del C.E.R.N. en Suiza, que se mantiene por  varias  naciones  de  la  Unión  Europea,  permiten  acelerar  partículas  casi  a  la  velocidad  de  la  luz,  y hacerlas impactar contra la materia, siempre reacia a dejarse modificar.

 

Sorprendentemente los alquimistas han sido capaces de transmutar los metales en oro o plata, y según unas  reglas  de  proporcionalidad  determinada,  en  función  de  la  “potencia”  acumulada  en  la  Piedra Filosofal.  Estas  relaciones  de  proporcionalidad  son  siempre  las  mismas,  lo  que  nos  hace  pensar  que obedecen a un fenómeno físico que la ciencia oficial no ha estudiado todavía.

 

¿Cómo y qué clase de eneras maneja la Alquimia?.

 

Entrar en este campo no estudiado siempre genera polémicas, a lo largo de la historia científica se han generado grandes debates y posturas que algunas personas han mantenido durante os y se han disuelto cómo el azúcar en el agua, a lo largo del tiempo.  Después ha quedado el conocimiento puro y llano que los científicos vamos aceptando poco a poco, y que es la base de toda la sabiduría actual.

 

El estudio de los campos de energías debemos hacerlo considerando la viabilidad técnica de la Alquimia, considerado desde el punto de vista de los alquimistas, que son los que han experimentado en este campo desde  hace  muchos  siglos.  El  problema  más  difícil  es  la  adecuada  traducción  e  interpretación  de  sus expresiones  (aparentemente  esotéricas)  al  lenguaje  técnico  moderno,  mucho  mas  inteligible  para  el investigador de nuestros días.

 

Los  trabajos de  la  Alquimia,  excepto  en  las  vías  secas,  se  realizan  a  temperaturas  relativamente  bajas, distintas según la vía seguida, y dentro de una estrecha banda de temperaturas, que varía con el Régimen de la Piedra.

 

En la actualidad estamos investigando para que todo el proceso se controle automáticamente a lo largo de toda la cocción de la Piedra Filosofal, sin la intervención física del Alquimista.   De este modo sólo se requeriría la presencia del operador, para permitir la continuidad del proceso de intercambio energético entre el alquimista y su huevo.

 

Este  es  el  sueño  de  los  alquimistas  de  todos  los  tiempos,  que  siempre  se  vieron  obligados  a  realizar penosas tareas que, hoy por hoy, las cnicas están en condiciones de solucionar.

 

 

7.- LAS ENERGIAS SUTILES

 

La  activación  de  la  materia  filosofal  está  relacionada  con  las  energías  sutiles.   Todos  los  alquimistas reconocidos  como  Adeptos (poseedores  de los  secretos  de  la  Piedra  Filosofal) declaran  que  existe  una relación  espiritual  entre  la  Piedra  que  elaboran  y  ellos  mismos,  al  contrario  de  lo  que  ocurre  con  los fenómenos químicos, que son independientes del lugar, y del operador, y siempre suceden de la misma manera, lo que es un hecho científico de por si.

 

Naturalmente que las Leyes de la Alquimia son diferentes de las de la Química (excepto en las primeras fases  en  que  son  tangentes).   La  Química  y  en  si  mismos  todos  los  procesos  puramente  químicos  son incapaces de realizar transmutación alguna.   Incluso los procesos que describe Fulcanelli como capaces de generar oro naciente” por disolución de plata en ácidos han resultado ser completamente falsos al ser investigados  por  científicos  contemporáneos:   Donde  no  hay  oro,  no  se  puede  sacar  oro.   Una  verdad química que se aplica a todo proceso químico o espagírico.

 

Para poder estudiar la Alquimia con detenimiento, pacientemente y en profundidad, la química debe de ser  dejada  completamente  de  lado,  y  no  tocarla  más  allá  de  lo  necesario,  sólo  en  lo  referente  a  la sistemática  de  producción de  los  componentes  del Huevo  Filosófico.   Las  razones son  evidentes:   Las experiencias transcendentes de la Alquimia nada tienen que ver con la Química.

 

Las  energías  que  se  acumulan  en  el  huevo  filosofal  son  muy  potentes.   Los  Filósofos  por  el  fuego  (o alquimistas conocedores del secreto), recomiendan no pasar de cierta cantidad de materia en su huevo, el incumplimiento de estos condicionantes puede dar lugar a graves accidentes:   En la Edad Media varias ciudades  europeas  desaparecieron  en  medio  de  pavorosos  incendios  cuyo  origen  permanece  en  la  más tenebrosa oscuridad y que atribuimos a explosiones de huevos alquímicos demasiado grandes. Viene a ser equivalente a la superación de la masa crítica de un producto radioactivo a la que sigue su desintegración, aunque en la Alquimia el proceso se desencadena de manera completamente diferente.

 

Recordemos la gran cantidad de energía que se requiere para realizar transmutaciones, si esta se liberase de golpe sería terrible el efecto sobre su entorno.  No es imposible la hipótesis sustentada a la vista de los hechos  citados. Una  explosión  de  estas  características  es  parecida  a  una  explosión  nuclear:        Una liberación bita de una enorme energía, muy capaz de producir una terrible destrucción en poco tiempo.

 

Los alquimistas siempre guardaron su secreto, incluso algunos de ellos fueron torturados hasta la muerte sin que lo revelasen, tal es el caso del Cosmopolita.

 

La  Ciencia  Oficial  no  se  ha  visto  con  fuerzas  para  afrontar  este  reto,  y  sistemáticamente  se  niega  a estudiar aquello que se ve sin capacidad de comprender.   Así ha sido con las diferentes barreras que el hombre ha sobrepasado   paso a paso, sírvase por ejemplo saber que se pensaba que el aire mataría a las personas que sobrepasasen la velocidad de un caballo. Otro mito superado es la suposición de no poder sobrepasar  la velocidad del  sonido.  Y  muchos otros  mitos.   Retos  actuales  son  las  telecomunicaciones más pidas que la luz, la teletransportación, las naves FTL (mas rápidas que la luz), y muchas otras cosas aparentemente imposibles hoy.

 

El secreto hermético que guardan los alquimistas, y que refuerzan haciendo un Juramento de silencio, es una necesidad muy relacionada con el fluir de las energías sutiles, y también con la actitud del alquimista, que a nivel interno es quien las controla.  Ningún alquimista ha llegado a obtener la Piedra Filosofal sin haber  adoptado  esta  actitud,  la  más  correcta  posible  cara  a  favorecer  el  flujo  de  intercambio  de  las misteriosas energías que fluyen entre él y a su huevo filosófico.

 

Curiosamente tampoco se sabe de la existencia de ningún alquimista ateo, la disciplina de la oración y la meditación es una importante llave para la Gran Obra:  Todas las fuerzas tienen un único origen, el Gran Arquitecto del Universo.  Esta es una de las razones que los hacen ver como místicos, y extremadamente piadosos,  así se refleja en sus escritos, que a menudo parecen una oración.

 

 

8.- LA MATERIA ¿A QUE ES SENSIBLE?

 

La materia filosofal es capaz de almacenar unas energías descomunales, a lo largo de su cocción en el huevo. Alquimistas hay que han llegado al exacto conocimiento del Huevo Filosofal. Solo unos pocos han sido capaces de hacerlo madurar y conseguir la Piedra Filosofal.

 

La Alquimia contiene importantes secretos que sacar a la luz, para conocer su intima naturaleza y saber las condiciones que la hacen posible.  En definitiva, se trata de saber cómo, a qué y porqué la materia es sensible, y la mejor manera de activar todo el proceso filosofal:  Éste es el secreto mejor guardado de los todos  los  tiempos.   Está  muy  relacionado  con  las  energías  sutiles,  algo  que  los  científicos  modernos estamos empezando a conocer poco a poco.

 

Los alquimistas han ido dejando una serie de hitos o pistas que los hijos de la Ciencia pueden llegar a interpretar, no sin gran pena y sacrificio, una información no procesada que requiere el apoyo de ciencias tan  dispares  como  la  metafísica,  la  mecánica  cuántica, y  la  física nuclear  moderna, dejando  de  lado  la química una vez llegados al secreto compuesto del huevo filosofal.

 

La literatura al respecto es muy reducida, pocos han llegado al huevo, y menos disponen de la base física, matemática y filosófica para determinar los porqués de lo que verdaderamente ocurre en el interior del huevo  filosofal cuando se producen los fenómenos descritos en la literatura alquímica.

 

Veamos el punto de vista de los autores al respecto: Los metales fundidos y resolidificados están muertos, no tienen valor alguno para la Obra, es decir si se introducen en el huevo filosófico este no reacciona, y no  se  puede  obtener  la  Piedra  Filosofal  a  partir  de  ellos.   Por  otra  parte  la  Alquimia  se  dice  que  está centrada  en  el  Reino  Mineral.   Para  los  alquimistas  los  minerales  están  vivos,  es  decir,  conservar  la actividad  que  la  Naturaleza  les  dio  en  su  nacimiento,  y  que  los  alquimistas  saben  mantener  hasta  la introducción de su compuesto en el huevo.

 

Los procesos químicos que conducen a los componentes del huevo para que sean  útiles a la Alquimia deben,  por  tanto,  mantener  esa  vida  natural,  los  tratamientos  deben  de  ser  cuidadosos,  y  con  unas temperaturas lo suficientemente bajas para no perturbarla.

 

La  vida  mineral  es  un  concepto  cnico de muy  difícil  explicación.   Hasta  la  fecha nadie  ha intentado expresarla  con  ecuaciones  matemáticas,  aunque  sea  susceptible  de  modelización.  Solo  el  alquimista español Omar Exoslius ha sido capaz de intuir la íntima naturaleza de la misma.   Este alquimista es un ilustre científico, cuyo nombre reservamos, y que trabaja como ingeniero en los laboratorios de una gran compañía.

 

En definitiva, la materia original dispone de una red energética a nivel subatómico que es la responsable de las orientaciones a nivel amico y subatómico que permiten los fenómenos enerticos observados por los alquimistas.  Esta red energética la denominaremos red sutil y su explicación en términos cnicos modernos  está  muy  próxima  a  los  fenómenos  de  superconductividad  eléctrica,  con  los  que  comparte algunos de sus efectos físicos.

 

La temperatura de fusión del metal, los ataques con ácidos o bases fuertes muy concentrados, la tostación, e incluso un machaqueo demasiado enérgico, pueden producir la rotura de los enlaces de esta red sutil, debido  a  las  cantidades  de  energía  presentes,  superior  a  la  delicada  energía  que  deshace  estos  puentes energéticos de manera irreversible.  Una vez rotos los enlaces de la red sutil, el material está muerto”, y no reacciona jamás en el huevo, aunque tenga las mismas propiedades químicas que el material “vivo”. No se ha descubierto en la actualidad todavía técnica alguna para poder reconstruir esta red energética sutil tal como la suministra la naturaleza, lo que obliga a trabajar cuidadosamente con todos los productos para  mantenerla  a  lo  largo  del  proceso  químico  de  elaboración  y  durante  la  cocción  en  el  huevo alquímico.

 

La sensibilidad de los productos alquímicos es extrema, la simple exposición a la luz del sol los destruye a  nivel  alquímico.   El  femeno de la  vida mineral  es  metaestable  y resulta  posible perderla  con gran facilidad. Los alquimistas toman grandes precauciones a lo largo de todo el proceso, para asegurar que todo funcione correctamente hasta la conclusión de los trabajos. Todos los alquimistas están de acuerdo en la extrema sensibilidad de su materia ante los estímulos externos.

 

 

9.- LA ENERGÍA ESPIRITUAL

 

La extrema sensibilidad de la red energética sutil de la materia filosofal del huevo la hace influenciable por  energías  no  tenidas  en  cuenta  por  la  ciencia  ordinaria:  En  concreto  a  la  energía  espiritual  del alquimista.   De sobras es sabido que el alquimista nace, no se hace, esto encierra una gran verdad:   El alquimista  es  el  único  ser  que  es  capaz  de  activar  esta  red  sutil  y  provocar  la  iniciación  del  proceso alquímico en el huevo.  Nadie que no sea alquimista nato podrá conseguir que el huevo se active.  Esta es una barrera natural de imposible traspaso para personas ajenas al Arte.

 

Esta interacción entre el alquimista y su Piedra es motivo de irrisión por parte de los químicos, porque entra en contradicción con los más elementales principios de la Química.  Esto ha provocado el continuo desdén  de  la  Alquimia  por  parte  del  colectivo  desde  los  tiempos  de  Lavoisier.   Pero  no  hablamos  de química, sino de otra fenomenología bien diferente, de carácter puramente físico, en el que la Química nada debería decir, o si lo hace, que sea con gran prudencia.

 

La naturaleza exacta de estas energías podrá ser estudiada por la física, y alcanzar a saber el mo y el porqué.  Es de gran interés saber cómo se activan los nódulos energéticos en el material alquímico y este se acaba transformando en la medicina universal o en el polvo transmutatorio. Es decir en la verdadera y genuina Piedra Filosofal.

 

La única fuente de la que podemos beber para conocer la naturaleza energética de las fuerzas que afectan al huevo son los propios alquimistas.  Invariablemente aparecen correspondencias de tipo espiritual muy determinado,  el  perfil  casi  místico  de  los  antiguos  alquimistas,  la  profundidad  de  su  pensamiento,  las inquietudes y su pasión por la Alquimia.  El análisis psicológico de estas personas se nos escapa debido a nuestra  especial  formación  en  el  ramo  de  las  ingenierías,  y  más  pobre  en  el  campo  de  las  ciencias humanas.

 

No  obstante  lo  anterior,  hemos  encontrado  una  terminología  adecuada  para  mostrar  la  verdadera dimensión  de  la  Ciencia  Alquímica,  y  procuraremos  perfilar  una  idea  general  de  su  funcionamiento  a nivel divulgativo, haciendo hincapié en aquellos aspectos que destacaron los alquimistas, como es nuestro más vivo deseo.

 

Todas las cosas tienen su explicación, si se sabe encontrar el por qué y el cómo podremos entender a los grandes Maestros en su verdadera dimensión.  Ellos trabajaron siempre solos, con absoluta independencia y discreción, y salvo Flamel, que todo compartía con su amable esposa, en sus laboratorios jamás pasaba persona ajena  a los mismos.  También llevaron a efecto el secreto alquímico a ultranza.

 

El motivo de este secretismo está muy claro ahora, la naturaleza peculiar de la materia alquímica realiza un intercambio energético con   el alquimista.   Cualquier perturbación ajena podría perturbar el normal desenvolvimiento del proceso.   La materia es sensible al estado espiritual que el alquimista tiene, y su energía cataliza y coadyuva al proceso de elaboración de la Piedra Filosofal.

 

El  alquimista  principiante  no  es  todavía  consciente  de  este  intercambio  energético  que  se  viene produciendo desde la primera manipulación  del mineral, en la obtención de los diferentes productos que conforman  los  pasos  para  la  elaboración  de  su  primer  huevo,  y  especialmente  durante  la  cocción  del mismo en el Athanor.

 

Los  Filósofos  siempre  recomendaron  que  sea  el  alquimista  el  que  realice  todos  los  trabajos,  desde  la primera molienda, hasta la terminación de la última quintaesencia.   La falta del alquimista es un grave inconveniente para el huevo, ya que modifica el natural intercambio energético espiritual entre las dos partes, y puede acabar en una desorganización completa del contenido filosofal.

 

Solamente  Filaleteo  dice  que  algunos  trabajos  preliminares  se  pueden  encargar  a  un  químico.    Pero siempre bajo la supervisión del alquimista, y esto es debido a la gran dureza de los trabajos de Hércules: Los preparativos para empezar la Gran Obra.

 

 

10.- EL LABORATORIO Y LAS ENERGÍAS SUTILES

 

El laboratorio adecuado es la primera premisa para empezar una obra alquímica.  Si no se dispone de un buen laboratorio, es mejor no comenzar.

 

Entendemos  mo  buen  laboratorio  el  que  cumple  con  unos  requisitos  mínimos  de  ventilación,  y superficie,  adecuados  para  la  especial  naturaleza  de  nuestros  trabajos.   Hace  falta  poder  trabajar  en  la oscuridad  o  con  una  luz  tenue  para  realizar  algunos  de  los  trabajos.    Tampoco  ha  de  haber  vecinos situados a más altura de los puntos de ventilación porque se emiten gases tóxicos en algunas fases del proceso.   Ha  de  disponer  de  chimenea  para  evacuación  de  los  gases  y  ventilación  forzada.   También armarios suficientes para almacenamiento de lo necesario para los trabajos, un frigorífico, y gas natural o embotellado,  luz  eléctrica,    y  agua  en  sus  proximidades,  para  limpiar  los  cacharros  necesarios.    Las necesidades  de  superficie  son  reducidas,  unos  pocos  metros  cuadrados.   Es  fundamental  que  se  pueda cerrar con llave en las ausencias del alquimista.

 

Si  se  dispone  del  laboratorio,  habrá  que  adecuarlo  a  los  trabajos,  de  acuerdo  con  las  especiales características del material filosofal.  La divulgación de estas cosas no forma parte del secreto alquímico, y  es  necesario  al  alquimista  moderno,  que  debe  saber  con  qué  tipo  de  materias  trabaja  y  que  puede producir la ruina de su trabajo.

 

La  extraordinaria  sensibilidad  de  las  materias  ante  las  influencias  externas  hace  necesario  tenerlas  en cuenta, en especial la situación de las líneas de la red Hartzmann del campo electromagnético terrestre.